Cinco libros para no contagiarse de la covid-19

(Por Cristian Faralle, desde San Miguel de Tucumán*)

1. “Open. Memorias” (Andre Agassi, AKA Publishing, 2009)
Lo primero que me impactó de la autobiografía de Andre Agassi es el modo en que está escrita. La narración fluye en las manos del periodista y escritor J. R. Moehringer ("The Tender Bar", 2005), ganador del Pulitzer de Periodismo en el año 2000. No es un dato menor.
“Open” es un libro que logra una cercanía con el lector sobre la base de secretos revelados por primera vez: un pequeño confesionario donde cuenta cómo fue su contacto con la merca; cuánto odió y odia al tenis, o cuán determinante resultó la figura de su padre. En el combo también entran su relación con el circuito ATP: la corrupción y los partidos arreglados; el dinero; la fama descontrolada (más drogas); los amores y desamores, y los constantes vaivenes producto de sus pozos depresivos.
“Odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión, y, sin embargo, sigo jugando porque no tengo alternativa. Y ese abismo, esa contradicción entre lo que quiero hacer y lo que de hecho hago, es la esencia de mi vida”, dice Andre.

2. “Breves amores eternos” (Pedro Mairal, Planeta, 2019)
Es un libro que reúne varios cuentos divididos en dos supuestos ejes temáticos. En la primera, denominada “Breves amores eternos”, el autor habla del amor en sus distintas vertientes; profundiza en lo que provoca y significa el deseo, y camina por las variables del sexo por fuera de la monogamia. Es aquí donde, a mi parecer, está el gran fuerte de la obra por el juego de aproximación con el lector. La segunda parte, titulada “Hoy temprano”, termina siendo un encastre forzado de cuentos inconexos y por momentos tediosos. Sin embargo, vale aclarar, Mairal hace bien su trabajo, independientemente de mi humilde opinión respecto de la segunda mitad. En definitiva, un libro interesante y entretenido, que desparrama sobre la mesa cómo funcionan las relaciones interpersonales más allá de lo que queremos ver.

3. “Spinetta. Ruido de magia” (Sergio Marchi, Planeta, 2019)
Esencial: así definiría al libro de Sergio Marchi. Principalmente porque se trata de una de las figuras más importantes de la música popular argentina. Pero, además, porque está muy bien documentado. Entrevistas propias -muchas- y ajenas -también-; círculo rojo; músicos, contexto social y político, y en el medio un tipo tremendamente talentoso al que, debo confesar, no se lo ha valorado en vida lo suficiente. Este libro viene a redimir todo eso. Y más.
“Nunca fue un tiempo de éxito pleno de mi obra, de vender un montón de discos y salir a tocar a todos lados. Quizás es lo que hubiese deseado y, por otro lado, agradezco al ángel que me lo impedía porque ese me cuidó a mí todo este tiempo. De no convertirme en una especie de 'McSpinetta': cuarto de libra con música”, dice Luis Alberto.

4. “Catedrales” (Claudia Piñeiro, Alfaguara, 2020)
Voy a ser completamente subjetivo: Claudia Piñeiro es todo lo que está bien. Y no importa cuándo leas esto. Su estilo y sensibilidad para retratar los vínculos familiares, y para poner en evidencia lo mejor y peor de ellos vuelven a manifestarse de lleno en este libro.
“Catedrales” tiene mucho de todo: parte de una muerte, y transita por los silencios y complots de clase e institucionales; amores no correspondidos, y la plena certeza de que hay espacios donde el peso de las apariencias se impone por encima de (casi) todo y más allá de lo que (casi) todos creemos.

5. “La Chaco” (Juan Solá, Hojas del Sur, 2016)
“La Chaco” es un libro que visibiliza lo que no queremos ver. Una narración cruda, que refleja fragmentos de la vida de un grupo de mujeres trans en la Argentina, y cuyo eje narrativo podría ubicarse a lo largo y ancho de cualquier país del mundo. La pluma de Solá logra un relato fidedigno, ágil, conmovedor, que increpa e incomoda lo establecido, y que habla de privilegios, de necesidades, de odio, de amor, de amistad y de lucha. Un libro completamente necesario.
“Ni escudo, ni bandera, decía la Lucy: que la pobreza sea discurso. Soy pobre, repetía, que me vean. Soy pobre porque ellos quieren que sea pobre. Porque yo soy bien viva, eh. Si yo tuviera concha ya tendría mi empresa. Soy pobre, pero honrada. Porque nadie dice ‘soy pobre, pero honrado’, pero el pobre tiene que avisar que no afana, que no pasa falopa”, dice Juan.(dx)

* Cristian Faralle (cfaralle) es especialista en comunicación institucional.

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